Desde una perspectiva de justicia social, si miramos al mundo que nos rodea, nos encontramos que está formado por un conjunto de burbujas cuyos habitantes tienen unos niveles de bienestar tan dispares que no parece que seamos todos individuos de la misma especie, y, aunque seamos conscientes de ello, solemos vivir ignorándolo, escondiendo nuestra insolidaridad y nuestro egoísmo en un cierto sentido de impotencia, que, dado el abismo tan grande que existe entre unos y otros, también es una realidad. Contra esta falta de solidaridad y la impotencia que la esconde nació hace tiempo el mundo del voluntariado, demostrando que sí se pueden hacer cosas para tratar de corregir esta situación.
Mi participación el este tipo de actividades ha sido pequeña y siempre de la mano de la Fundación Ingenieros ICAI. De mis colaboraciones recuerdo dos visitas a pisos residenciales para Cáritas con objeto de evaluar su estado energético; un documento para la formación de técnicos dentro de un proyecto de instalación de sistemas fotovoltaicos aislados en un campamento de refugiados en Etiopía, que desgraciadamente no se ejecutó entonces por la confrontación entre el Gobierno Regional y el Federal; un informe sobre el estado de la electrificación rural en Iberoamérica; un documento de aplicación general sobre niveles de electrificación en una escala de uno a cinco, empezando con una instalación básica y escalando después a instalaciones de mayor equipamiento; un documento sobre colaboración público-privada, que es la forma habitual de ejecutar los proyectos de electrificación rural; y un análisis técnico descriptivo del sistema eléctrico de Perú y de sus tarifas. Todos estos documentos solo fueron una pequeña parte de informes más extensos que se presentaron en distintos países, casi todos ellos destinados a proyectos de electrificación rural que trataban de llevar la energía eléctrica a poblaciones de algunas regiones de países iberoamericanos que no la tienen. Aunque la falta absoluta de energía eléctrica parece algo increíble porque refleja una pobreza extrema, se estima que por el mundo hay millones de personas en esta situación, y tan ignorados los tenemos que ni siquiera somos capaces de saber cuántos son.
Tras mi experiencia puedo transmitir a los compañeros del ICAI algunos comentarios por si pudieran ser de su interés.
Llevar la energía a estas poblaciones es una tarea difícil, porque con frecuencia estos colectivos viven en lugares muy aislados y de acceso casi imposible. Además, son proyectos que tienen que ir acompañados de otros de distinta naturaleza, como creación de negocios, servicios médicos, centros educativos o mejora de las comunicaciones, que en cada país dependen de administraciones locales, regionales o estatales diferentes, y gobiernos centrales muy inestables en cuyas manos queda la organización de los proyectos. Nuestra Fundación tiene ya una experiencia grande en colaboraciones en este campo y por eso hay algunas organizaciones que nos piden ayuda. Se trata de proyectos costosos cubiertos por los objetivos del Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, por lo que cuentan con la financiación del Banco Interamericano de Desarrollo y del Banco Mundial, y como quiera que estas organizaciones exigen proyectos bien documentados ahí está nuestra Fundación para elaborarlos. Aunque a estos menesteres no se puede ir de francotirador tenemos a la Fundación para arroparnos y no dar pábulo a sentimientos de impotencia. Además, no se trata de actividades para jubilados, pues hemos contado también con compañeros en el desempeño de sus carreras y con estudiantes.
Estas colaboraciones nos acercan a mundos desconocidos, lejanos y muy pobres que necesitan que alguien les ayude a acceder a una vida un poquito mejor, ya que por debajo de un cierto nivel de bienestar la persona humana no puede desarrollarse. Desgraciadamente la ayuda que se les puede dar es a veces muy limitada, pues la instalación eléctrica a la que se les da acceso, casi se limita a unas bombillas y poco más, pero es un primer paso para seguir adelante, y poder hacerlo es una satisfacción y requiere por nuestra parte un esfuerzo muy pequeño. Como no se trata de trabajos individuales, también resultan estimulantes las relaciones humanas con los compañeros y con empresas y personas de otros países, que nos ofrecen un testimonio de entrega de gran valor, por su dedicación desinteresada, su solidaridad sin fronteras y su fe en el éxito de lo que están haciendo.
Además de estos comentarios que tratan de animar a futuros participantes, les aconsejo a todos los que se estén planteando incorporarse a trabajos de voluntariado que consulten a través de Internet la Memoria de Actividades de la Fundación Ingenieros ICAI, donde encontrarán sin duda algo que se adapte a lo que ellos pueden hacer: colaboraciones con Cáritas y algunas ONG, asesoramiento sobre gestión y consumo de energía, formación profesional para instaladores o servicios de mantenimiento, técnicos especializados en instalaciones específicas como hospitales o centros comunitarios etc. Y también, por supuesto, impartir o recibir cursos de formación de voluntarios.
A efectos de la organización de cada cual, otro punto a tener en cuenta es que, aunque algunas actividades tienen que ser presenciales porque requieren el contacto con instalaciones existentes o en proceso de construcción, otras muchas pueden llevarse a cabo desde nuestras casas por teletrabajo, en colaboración con otros compañeros o conectándonos con los alumnos en el caso de que se trate de cursos de formación.
Hay que animarse. Los voluntarios de la Fundación ya van siendo un colectivo importante dentro de la Asociación.
Enrique Reina Reina
Ingeniero Electromecánico del ICAI, promoción 1966

Inicié mi actividad profesional en la Asociación de Investigación de la Industria Eléctrica (ASINEL), que fue fundada por las empresas eléctricas en el seno de UNESA.
Sus áreas de trabajo principales fueron la normalización de material eléctrico, gestionándola en su totalidad antes de la fundación de AENOR; ensayos de material eléctrico para su desarrollo, diagnóstico preventivo y certificación; y proyectos de investigación para el Programa de Investigación Eléctrica que de forma conjunta llevaron a cabo las Empresas Eléctricas durante veinte años. En todas estas actividades participé con interés y vocación eléctrica. Mi recuerdo más reciente fue mi último proyecto de investigación, que consistió en el proyecto, construcción y ensayos de una bobina superconductora de un megajulio que se realizó en colaboración entre ASINEL, IBERDROLA y RED ELÉCTRICA.
Actualmente estoy jubilado y colaboro con la Fundación de Ingenieros de ICAI en el grupo de Acceso Universal a la Energía.

Un comentario en «El voluntariado es una fuerza social y moral en crecimiento, integrada por personas comprometidas con buscar un mundo mejor»