«Tú aportas algo frente a una necesidad, pero el proyecto también te aporta a ti»

He crecido en una familia en la que siempre se nos han transmitido valores como compartir, el esfuerzo y el buscar soluciones prácticas a los problemas. Creo que eso ha hecho que, con el tiempo, me hayan ido entrando ganas de implicarme en voluntariados cuando han ido surgiendo oportunidades. No recuerdo un momento concreto que marcara el inicio, sino que ha sido algo progresivo.

El primer proyecto en el que participé fue durante el máster en ICAI, con Technovation Girls. Es un programa internacional en el que niñas de entre 8 y 18 años crean, en equipo, una solución tecnológica (una app, con o sin código según la edad) para resolver un problema de su comunidad. Yo participé primero como mentora, acompañando a un grupo de adolescentes de un colegio de Madrid, y al año siguiente como jueza, evaluando distintos proyectos. La idea es empoderarlas y acercarlas al mundo STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), para que vean que, aunque siguen siendo sectores bastante masculinos, hay sitio para todo el mundo.

Después, tuve la oportunidad de trabajar con la Fundación ICAI en mi proyecto de fin de máster. Entre otras cosas, creamos un pódcast para dar visibilidad a ingenieros e ingenieras cuyo trabajo tiene impacto social o medioambiental. Fue algo que me gustó mucho, porque me permitió ver ejemplos muy concretos y cercanos de cómo la ingeniería puede aplicarse a proyectos con impacto, y también darme cuenta de la cantidad de formas distintas que hay de ayudar.

Y luego está el proyecto que ahora mismo tengo más presente, y que llevamos preparando desde hace más de un año con otros voluntarios. Dentro de mi empresa, participamos en la asociación Energy Assistance France, que desarrolla proyectos de electrificación en zonas rurales o aisladas sin acceso a la red eléctrica. EAF instala paneles solares y baterías, sobre todo en centros de salud y escuelas, y también hay algunos proyectos de biodigestores.

En nuestro caso, estamos preparando una misión en Madagascar en junio de 2026, donde iremos a instalar paneles solares y baterías en un centro educativo. La fase de preparación ha sido muy interesante, y tengo muchas ganas de llevar a cabo la parte práctica y de seguir participando en este tipo de proyectos.

Esta es mi historia hasta ahora, y aunque espero que queden muchos proyectos por delante, he ido sacando algunas ideas de todo esto.

La primera es que hay muchos tipos de voluntariado: local, internacional, con más o menos dedicación, a través de una empresa o por elección personal. Por ejemplo, durante un tiempo también estuve ayudando con la Orden de Malta en París, repartiendo desayunos cada semana a personas que vivían en la calle. Al final, hay un millón de formas de aportar, en temas muy distintos: acceso a la energía, seguridad alimentaria, igualdad de género, acompañamiento a personas que están solas o enfermas…

La segunda es que tú aportas algo frente a una necesidad, pero el proyecto también te aporta a ti. Te sacar de la burbuja del día a día y te da perspectiva. En un momento en el que vivimos rodeados de pantallas, tecnología y publicidad, creo que es fácil caer en el individualismo. Es importante cuidarse a uno mismo, claro, pero a veces se nos olvida que no todo el mundo tiene las mismas oportunidades y que tener buena salud, estabilidad, trabajo, un entorno cercano… no es algo que haya que dar por hecho.

Lo vemos en sitios como Madagascar, uno de los países más pobres del mundo donde el acceso a la electricidad sigue siendo muy limitado en muchas zonas. Pero no hace falta irse tan lejos: en España también hay un porcentaje importante de personas en situación de pobreza energética, y mucha gente que no llega a fin de mes. Por eso creo que las asociaciones, las ONG y todas las personas que forman parte de ellas (voluntarios incluidos) son necesarias.

No hace falta ser ingeniero para hacer voluntariado, pero es verdad que como ingenieros e ingenieras podemos aportar cosas útiles (capacidades de organización y planificación o técnicas), que ayudan a construir soluciones duraderas.

Cuando lo pienso, creo que lo hago porque me inspira, pero también porque siento que tenemos la responsabilidad – y la suerte – de poder ayudar a quienes no lo tienen tan fácil. Además, tengo la suerte de estar rodeada de gente (amigos, familia) que también tiene esa sensibilidad, y con la que puedo compartir estas inquietudes.

Vivimos en un mundo complejo, y a veces puede parecer difícil ayudar o tener un impacto. Pero creo que eso no debería ser una excusa para no intentarlo. Al contrario, creo que es importante seguir creyendo en la solidaridad. Me gusta recordar una frase de Emma Watson en su discurso ante las Naciones Unidas en 2014: “Te invito a dar un paso al frente […] y a preguntarte: ‘Si no soy yo, ¿quién? Si no es ahora, ¿cuándo?”

Patricia Gómez de Olea

Ingeniera Industrial del ICAI, promoción 2021

Patricia Gómez de Olea es Ingeniera Industrial de la ETS de Ingeniería ICAI, de la promoción de 2021. Cuenta con doble titulación en Centrale Paris (hoy CentraleSupélec) y un doble Máster en Gestión de la Energía y el Medioambiente.

Actualmente trabaja en el grupo francés ENGIE, en la monitorización en tiempo real de operaciones de parques renovables a nivel mundial.

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