“El voluntariado me ha enseñado una dimensión distinta de la ingeniería: su capacidad de mejorar vidas”

Hace poco viví una experiencia diferente: mi hija me entrevistó para hablar sobre mi trabajo y mi participación como voluntaria en la Fundación Ingenieros ICAI.  Lo que empezó como una conversación coloquial y familiar terminó siendo algo más, un momento de reflexión para parar, mirar atrás y preguntarme qué significa realmente ser ingeniera.

A lo largo de mi trayectoria profesional he trabajado en muchos proyectos muy diferentes, algunos muy complejos, con retos técnicos exigentes y en entornos donde es necesario precisión y seguridad para evitar poner en riesgo procesos y personas. Sin embargo, el voluntariado me ha enseñado una dimensión distinta de la ingeniería: ha puesto de relieve y de forma muy evidente su capacidad de mejorar directamente la vida de las personas.

He tenido distintas experiencias y anécdotas a lo largo de los distintos voluntariados en los que he estado involucrada, variando según las distintas etapas de la vida por las que he ido pasando y todas me han aportado mucho para crecer en todos los sentidos.

Escribiendo esta pequeña reflexión, me viene a la mente uno de los momentos que me dejó huella y reactivó en mí las ganas de ayudar y aportar mi conocimiento y experiencia a las capas más jóvenes de la sociedad,

Esto ocurrió durante una sesión del programa “Emprende por el Clima”, en la que participaba como voluntaria junto al Padre Ángel y Junior Achievement. Al empezar, uno de los chicos, adolescente, dijo claramente: “que sepa usted que estoy aquí porque me obligan, esto no me importa nada y no voy a participar”. Le escuché, y seguí adelante intentando, simplemente, despertar algo de interés.

Durante la sesión, en uno de los vídeos que mostraba ejemplos de innovación —en este caso, robots que recogían basura en playas— noté un cambio. Empezó a prestar atención, a hacer preguntas, incluso a pedir a sus compañeros que escucharan. Algo había conectado.

Al terminar, se acercó y me dio las gracias. Me dijo que se lo había pasado muy bien.

No sé si recordará los contenidos dentro de un tiempo. Me gusta pensar que sí, al menos en parte. Pero lo que tengo claro es que, en ese momento, la ingeniería sirvió para algo más: para despertar curiosidad, para abrir una puerta, para generar una pequeña chispa.

Y entendí que, a veces, nuestra labor como ingenieros no es solo aportar soluciones, sino despertar interés, abrir posibilidades, generar pequeñas inquietudes  que pueden ir mucho más lejos.

Como ingenieros estamos acostumbrados a resolver problemas, pero cuando esos problemas tienen rostro, todo cambia. Dejas de pensar solo en términos técnicos y empiezas a comprender la dimensión humana de cada decisión.

El voluntariado ha sido, para mí, una forma de dar sentido a la experiencia acumulada durante años. De devolver lo que me han dado, De compartir lo aprendido. De aportar desde lo que sé hacer

Muchas veces pensamos que no tenemos tiempo, o que nuestra aportación será pequeña.

Pero la realidad es otra: cuando lo que haces responde a una necesidad real, incluso lo pequeño se vuelve importante

Por eso, me gustaría animar a otros ingenieros a dar ese paso. No es necesario llevar a cabo grandes cosas, solo aportar un poco de lo que hemos aprendido porque lo que sabemos hacer tiene un valor inmenso cuando se pone al servicio de los demás.

.Hoy tengo claro que la ingeniería no solo consiste en diseñar soluciones, sino en algo mucho más profundo: conectar, inspirar y transformar

Porque la ingeniería no solo construye soluciones.
También despierta miradas nuevas.
También puede despertar vocaciones.

Porque, al final, no se trata solo de lo que construimos… sino de las personas a las que conseguimos llegar.

Y no hay mayor impacto que inspirar a un joven a poner su talento al servicio de los demás.

M.DOLORES CARNICERO GARCÍA

Lola Carnicero es Ingeniera ICAI, de la promoción de 1993, y cuenta con una sólida formación en sistemas energéticos, gestión empresarial, sistemas de control y certificación energética. Es auditora energética acreditada, perito judicial y Certified Energy Manager (CEM).

Asimismo, ejerce como árbitro en la Corte Europea de Arbitraje del sector de la energía.

En el ámbito académico, es profesora en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería ICAI, donde imparte formación en comunidades energéticas en el marco de la asignatura Aprendizaje y Servicio (APS).

Con más de tres décadas de experiencia, ha liderado proyectos de ingeniería. También ha participado en la puesta en marcha y optimización de instalaciones industriales y sistemas de gestión energética en entornos complejos, tanto a nivel nacional como internacional..

Actualmente desarrolla su actividad como CEO y directora técnica de Acla Ingeniería de Instalaciones, donde combina su experiencia en ingeniería, eficiencia energética y asesoramiento técnico.

Paralelamente, colabora activamente con la Fundación Ingenieros ICAI en diversos proyectos, entre los que destacan la coordinación del equipo de medición de huella de carbono, la supervisión
y gestión del mantenimiento de sistemas de climatización en entidades sociales, elaboración de planes de contingencias de ONG que atienden a personas en situación de vulnerabilidad, así como el diseño del plan estratégico de la Fundación.

También colabora en la dirección de Trabajos Fin de Grado/Máster promovidos por nuestra Fundación.

Un comentario en «“El voluntariado me ha enseñado una dimensión distinta de la ingeniería: su capacidad de mejorar vidas”»

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