Intentaré en estas líneas plasmar reflexiones, proyectos, inquietudes que me han acompañado en mi vida y que me han llevado a plantearme el voluntariado.
Las inquietudes sociales que todos tenemos en la época más joven hacia las personas que necesitan apoyo se han mantenido y adaptado a lo largo de tiempo, siempre han estado ahí.
Soy consciente de que la vida me ha tratado bien, me considero afortunado y siempre pensé que podemos hacer algo por los demás.
La vida me trajo al ICAI al terminar el bachiller; en la escuela de areneros, por supuesto que pasé allí los mejores momentos de mi juventud, y ya desde mis primeros pasos en nuestra escuela noté que ICAI lleva en los genes la sensibilidad social, estoy seguro de haberlo percibido a través de los mensajes y las actitudes que orientan al desempeño de la ingeniería responsable.
Echaba de menos darle continuidad a estas inquietudes cuando, al terminar los estudios, me enrolé en un mundo laboral demasiado frenético, ¿quizás tiene que ser así?, no lo sé, en cualquier caso, el hecho es que, como tantas personas, me vi inmerso en las dinámicas profesional, familiar y no estaba para muchas más historias; supongo que conocéis el trance.
En cualquier caso, ya en la etapa de la madurez profesional encontré muchas satisfacciones colaborando con la universidad de la ciudad donde he vivido de manera más estable; las relaciones universidad empresa producen grandes resultados si se hacen con el oficio y la dedicación que merecen.
Llegó la jubilación, dejé el mundo de la empresa en 2017, y me planteé que tenía que construirme “un plan”, “mi plan” para la nueva etapa y, como es bien conocido, estaba claro que hay tres frentes que cuidar: Actividad física; actividad intelectual y el frente anímico, las relaciones, la solidaridad.
En esto último empecé por tocar el terreno conocido, inicié una relación con la universidad de Valladolid como profesor asociado en un máster de la escuela de ingenierías industriales, esto último con los equipos que ya conocía de mi etapa anterior en las relaciones universidad empresa. Pero me faltaba algo, la dedicación a “las buenas causas”; y es aquí, en este último frente donde apareció la Fundación ICAI.
La llamada al voluntariado que recibimos todos de la Fundación fue la espoleta que me impulsó al proyecto de colaboración; aún faltaba encontrar la manera de abordarlo. Aunque yo ya sabía que el tema tenía sentido había que encontrar un foro, un proyecto en que aplicar mi participación. Y encontramos la vía a través de mi experiencia previa docente en mi colaboración con la universidad.
A partir de ese momento lo primero fue establecer el convenio de colaboración (las mínimas formalidades) y ponernos a funcionar.
Me inscribí en uno de los grupos de voluntarios donde estaban elaborando un proyecto formativo para personas en riesgo de exclusión; se trataba concretamente de capacitación para el empleo en las instalaciones fotovoltaicas.
Enseguida me impliqué en la creación y revisión de material pedagógico para las clases y pronto llegaron las oportunidades de aplicar.
Es cierto que mi residencia fuera de Madrid no facilita particularmente las cosas, pero tengo que decir que esta circunstancia no ha supuesto ningún impedimento en la colaboración. Manejamos las comunicaciones y los encuentros en la red y hacemos avanzar el trabajo.
Particularmente estimulante para mí ha sido nuestra colaboración con otra organización con la que compartimos proyectos, se trata de Talento 58, organización centrada en la acogida y apoyo de inmigrantes; compartimos entre FICAI y Talento 58 ideales y proyectos, concretamente nos implicamos en planes de formación en técnicas de instalación fotovoltaica para acompañar proyectos en construcción que se estaban desarrollando en Castilla y León, cerca de mi residencia, por lo tanto.
Como resultado de lo anterior he podido aportar mi colaboración en la elaboración de documentos formativos y en la impartición de las formaciones para los cursos de Paredes de Nava (Palencia) y Medina del Campo (Valladolid); en ambos casos fueron cursos de 50 horas lectivas y presenciales; es obvio que para mí fueron bastantes más pero siempre resultó motivador y gratificante.
Las clases las organizábamos en locales cedidos por organismos in situ (Ayuntamiento, escuelas-colegíos); La convivencia con los alumnos resultó entrañable y enriquecedora; preparar las clases, el material, facilitar los transportes al centro, acompañarlos en sus dificultades (de cualquier tipo).
El resultado es por tanto muy positivo para mí; recibir mensajes regularmente en el whats App de los alumnos, con cualquier motivo, es una señal de que hemos establecido un vínculo y que el esfuerzo ha valido la pena.
Y seguimos en contacto con el equipo, hay nuevos proyectos; me encanta la apertura de miras que orienta a la Fundación; resulta enriquecedor. Últimamente nos estamos planteando ir más lejos en nuestra implicación con estos colectivos desfavorecidos y aparecen en el horizonte nuevas posibilidades de facilitar un empleo real para afianzar el arraigo de estas personas que se incorporan a nuestra sociedad.
Las posibilidades son enormes , yo me centro en las opciones que están en relación con la zona geográfica donde resido y así ya estamos hablando de promover colaboraciones con organismos formativos de Castila y León (Universidades, Escuelas especializadas) con el fin de desarrollar nuevas tecnologías que faciliten y mejoren el pastoreo de ovejas (hoy faltan pastores) y nuevas opciones de combinación de agricultura y ganadería en simbiosis con las instalaciones energéticas (en principio fotovoltaicas y de aerogeneración) que ocupan mucho espacio en el campo y que, por tanto, generan un conflicto del uso de espacios.
Siempre imaginando nuevas soluciones que nos permitan generar oportunidades de nuevos empleos en las zonas rurales y todo ello utilizando nuestras competencias de ingeniería de manera que la Fundación ICAI mantenga su aporte en colaboración fiel a su trayectoria tecnológica, “somos electromecánicos”.
En resumen, mi experiencia como voluntario merece para mí una alta valoración porque me permite expresar mis anhelos de ayudar a quien lo necesita de una manera práctica y efectiva; al mismo tiempo me facilita el contacto con nuevos proyectos y nuevas tecnologías, me mantiene vivo.
¿Qué más puedo decir?, pues sólo me queda animar al colectivo ICAI a que os intereséis por las actividades que desarrolla la Fundación y que os acerquéis por la Fundación para enfocar vuestra colaboración, ¡seguro que os harán un hueco!

Roberto Clavero cuenta con una dilatada experiencia en implantación y mantenimiento de Sistemas de Gestión Industrial en los ámbitos de calidad, Medio Ambiente y Prevención de Riesgos Laborales.
En la actualidad colabora en el Master de la Escuela de Ingenieros industriales dedicado a los «Sistemas Integrados de Gestión: Prevención, Calidad y Medio Ambiente».
Recientemente incorporado a la Fundación Ingenieros ICAI desde donde colabora en formaciones a colectivos en riesgo de exclusión social con el objetivo de facilitar su inserción en el mundo laboral. Colaboramos con diferentes organizaciones benéficas (Fundación Talento 58, Red Incola, Cruz Roja, Caritas, entre otras).

Roberto es pieza clave en ese grupo de voluntarios a que se refiere. Su implicación y capacidad de solucionar cualquier situación inesperada son imprescindibles. Su experiencia profesional y docente capta de inmediato el respeto y atención de los estudiantes. Un privilegio compartir grupo de voluntarios con Roberto.