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Es el momento de ayudar con el voluntariado

La verdad es que cuando desde la Fundación Ingenieros ICAI me comentaron si quería preparar un artículo en la línea de “reflexiones sobre el voluntariado”, pensé que muy poco podía aportar yo a este colectivo, pues llevo solo unos siete meses colaborando en el tema.

Pero ante su insistencia, mi gran respeto a los veteranos ICAI que llevan muchos años dedicando parte de su tiempo a ello, y con la intención de animar a otros compañeros a participar de unas actividades con las que ponemos nuestro granito de arena en la mejora de las condiciones de vida de algunos de los más desfavorecidos de la sociedad, procedo con estas reflexiones.

Bueno, pues hay varias razones por las que me he apuntado al voluntariado, y la primera se remonta a un poco más allá de hace 40 años…

Justo acabada la carrera en el ICAI y el servicio militar, tuve la suerte de empezar a trabajar en una multinacional petrolera americana, y fui destinado a la base de Angola, país rico en petróleo, sobre todo offshore.

Así que con 25 años y muchas ganas de aventura, me vi trabajando allí en plataformas de exploración, en servicios de pruebas de pozos de hidrocarburos, con las últimas tecnologías del momento.

Un trabajo técnico que me gustaba mucho, pero a la vez me daba cuenta del sufrimiento de muchas personas locales, puesto que Angola estaba en guerra y la miseria fuera de esas instalaciones era muy grande.

Mis padres estaban preocupados por tenerme por aquellos lugares, pero nunca me dijeron nada en contra, y mi padre se suscribió a la revista de los Misioneros Combonianos, Mundo Negro, que describe muy bien la situación y vicisitudes de muchos países de África.

Hoy en día sigo yo con esa suscripción, y la recomiendo a cualquiera que quiera saber de verdad qué está pasando por allí, por dónde se mueven los misioneros, y la increíble labor que realizan ellos y la Iglesia Católica en las zonas más complejas del mundo.

Mi conclusión social de aquellos años fue que los occidentales éramos unos privilegiados, y que tendríamos que ayudar más para mejorar la situación de tantas personas que vivían en condiciones tan difíciles. Esta es mi primera razón para hacer voluntariado.

Al cabo de año y medio volví a España, me casé con una asturiana de la cuenca minera del Nalón, tuvimos dos hijos, establecimos nuestra base familiar en Oviedo, y una vez más a nivel profesional pude trabajar con otra empresa americana multinacional del mundo de la ingeniería y la construcción, Fluor.

Después de unos diez años participando en supervisión y gestión de proyectos y obras industriales y de infraestructuras en el complejo de DuPont en Asturias, abrimos una línea de negocio en el terreno de la seguridad industrial y laboral para otros clientes por toda España y algunos países de Hispanoamérica. Nos especializamos en consultoría y supervisión de seguridad en proyectos, en las fases de diseño, ofertas, contratación, construcción, operaciones y mantenimiento.

La seguridad en aquellos tiempos en España, hace más de 20 años, fue para mí otro choque cultural, pues aunque ya conocía las estrictas normas del mundo de la petroquímica internacional, el contraste con la mala situación general real en nuestro país era bastante fuerte.

Y aunque hemos mejorado algo, desafortunadamente en los últimos 15 años en España estamos estancados y la accidentabilidad media en la industria y la construcción sigue siendo una tragedia diaria.

Así que con estas experiencias laborales, me di cuenta de que también podíamos ayudar mucho los ingenieros en la mejora de las condiciones de seguridad de empresas y trabajadores. Esta es mi segunda motivación: Participar en voluntariado con algo relacionado a la prevención de riesgos y accidentes.

En este tema, hace unos seis meses, se me ocurrió preparar una charla divulgativa para los Ingenieros del ICAI, “La Cultura Cero Accidentes”.

Lo comenté y revisé con mis compañeros Jesús Tardón (delegado de nuestra promoción ICAI, 1983), y Antonio Lozano (promoción 1982), con quien trabajé varios años en gestión de seguridad de proyectos industriales para Repsol. A ambos les estoy muy agradecido por su paciencia y apoyo.

Marta Reina rápidamente nos facilitó los recursos de la Asociación del ICAI, y dimos la charla el pasado 26 de febrero. Y aunque ya nos advirtió que el tema no es de los que atraigan mucho a los ingenieros en la actualidad, este humilde turolense (eso sí, algo tozudo) se empeña en seguir poniendo otro granito de arena para que la gestión ética de proyectos y la cultura de seguridad laboral mejoren en nuestro país.

(Aprovecho este artículo para recomendar que veáis la grabación de la misma disponible en nuestra web de la Asociación, en Eventos, que creo puede ayudar algo a los que estáis en activo y a los futuros ingenieros para lidiar con esta problemática)

Por último, a través de los boletines de nuestra Asociación, a finales del año pasado veo que piden voluntarios para ayudar en planes de contingencia y mitigación de riesgos para los Hermanos Franciscanos de la Cruz Blanca, en sus más de 80 centros repartidos por toda España, que muchas veces implican mejoras en sus edificios e instalaciones técnicas de contraincendios, elevación, electricidad, climatización, etc.

En estos centros (Residencias o “Casas Familiares”, Pisos de acogida, Centros de día) atienden a personas jóvenes y adultas con discapacidades graves físicas e intelectuales, a personas en situación de marginalidad o sin hogar, a inmigrantes en situación de vulnerabilidad.

En fin, “Por sus hechos los conoceréis”; una dedicación y una labor excepcional que realizan los Hermanos.

Así que me dije: “Es una muy buena oportunidad para devolver a la sociedad un poco de lo mucho que se me ha dado a mí como ingeniero; es el momento de ayudar con el voluntariado, y que mejor que en este tema relacionado con los Franciscanos, con la seguridad o prevención de riesgos, y a través del ICAI”.

Y realizando unas actividades que me resultan muy gratificantes, he conocido a un buen grupo de nuevos compañeros ICAI (unos jubilados y otros no), con los que me siento como en casa.

De hecho, cuando se lo comenté a Marta me dijo: “Pero si es que esta es tu casa”…, así de sencillo, así de contundente.

José María Mequita

José María {Chema} Mezquita: “Al ver un boletín de nuestra Asociación pidiendo voluntarios en el grupo de Planes de contingencia y mitigación de riesgos para los Hermanos Franciscanos de la Cruz Blanca, me dije: Es el momento de ayudar con el voluntariado”.

Ingeniero Industrial del ICAI, promoción 1983, jubilado desde Julio 2025.

Comenzó su trayectoria profesional como Ingeniero de Campo en el grupo Schlumberger, realizando trabajos de exploración de hidrocarburos en plataformas petrolíferas situadas frente a las costas de Angola.


Durante 27 años trabajó en la Ingeniería Fluor, con base en Asturias, desempeñando funciones en las áreas de Construcción y Contratación, y liderando la división de Consultoría y Supervisión de Seguridad.

Sus principales clientes fueron DuPont en su complejo industrial de Asturias; Repsol en sus refinerías de España y Argentina; Cepsa; Enagás; Río Narcea; Genentech y Dow en sus complejos industriales en España; y BASF en su complejo químico de Ludwigshafen (Alemania).

Actualmente forma parte del equipo de voluntarios de la Fundación Ingenieros ICAI y desarrolla su actividad de voluntariado en el análisis de riesgos y planes de contingencias de dos residencias de los Hermanos Franciscanos de la Cruz Blanca.

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