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Salir de la mediocridad

Salir de la mediocridad

Muchos de nosotros, arrastrados por esa corriente de mediocridad que se ha instalado en nuestra sociedad y también desbordados por una agenda habitualmente complicada, hemos ido poco a poco aparcando nuestras aspiraciones de cambiar el mundo, hemos ido poco a poco recortando algunos de nuestros sueños y hemos dejado poco a poco de buscar la excelencia. Y nos hemos ido mimetizando, casi sin darnos cuenta, con ese entorno que nos rodea, en el que casi todo el mundo va a lo suyo.

Y hemos llegado a conformarnos con salir adelante, con sacar adelante a nuestras familias y con cumplir con los compromisos profesionales y personales tenemos. Nos permitimos, en la medida de lo posible, eso sí, algún que otro capricho de vez en cuando que nos haga sentir una cierta sensación de felicidad, o una cierta sensación de que tanto trabajo y tanto esfuerzo tiene sentido.

Pero eso, creo yo, es apostar por una vida de mínimos con la que no nos debemos conformar: ¿De verdad vamos a ser capaces de desperdiciar la única vida que tenemos saliendo del paso sin más?

No deberíamos olvidarnos de algunas cosas que, en mi opinión, es necesario tener presentes:

Es importante mirar más allá de la pequeña burbuja en la que más de uno nos hemos instalado. Y que tomemos conciencia de que tenemos capacidad de influencia en lo que pasa en el mundo, en lo que pasa en nuestra sociedad y en lo que le pasa al planeta.

Es importante vivir desde un espíritu de servicio, sabiendo anteponer el bien común a nuestras apetencias o nuestros intereses personales. Porque es el servicio lo que da todo su sentido a nuestra profesión, a nuestras relaciones e incluso a nuestra vida.

Es importante que nos arriesguemos por aquello que creemos que es justo, incluso cuando salgamos mal parados por ello. Y que defendamos, muy especialmente, los intereses de las personas más vulnerables, para que no sigan siendo, eternamente, esas personas de las que todo el mundo abusa. Y no me estoy refiriendo tan solo a las víctimas de los grandes conflictos. No. Me refiero también a esas personas vulnerables que todos tenemos a nuestro lado en los entornos en los que nos movemos en nuestra vida ordinaria.

Es importante vivir intensamente y tratar de dar siempre lo mejor de nosotros mismos. Dar lo mejor de nosotros mismos en nuestros trabajos y dar también lo mejor de nosotros mismos a las personas que van pasando a nuestro lado en el camino de la vida; a las más cercanas y también a las que no lo son tanto. Y que pongamos a funcionar esos talentos con los que todos hemos nacido, y que tantas veces guardamos en un cajón como si no los tuviéramos ahí. ¿Por qué no construir nuestra mejor versión? ¿Por qué conformarnos con salir del paso sin más?

Es importante vivir como si fuéramos valientes. El miedo nos impide crecer, nos empequeñece, nos impide que saquemos todo nuestro potencial, nos hace querer evitar riesgos a costa de cualquier cosa y nos impide aprovechar las oportunidades que la vida nos pone por delante.

¿De verdad vamos a dejar que sean otros los que se ocupen de construir una sociedad mejor?

Hay quienes tienen puestos relevantes o mucha capacidad de influencia, que con sus decisiones pueden conseguir grandes cosas. Aunque ese no sea el caso de muchos de nosotros, todos sin excepción podemos y debemos actuar; desde nuestros trabajos – sean los que sean – y desde esas pequeñas grandes acciones que terminan componiendo nuestra vida cotidiana. Porque se trata, sobre todo, de actitud.

Está muy bien que exijamos a nuestros políticos que se ocupen del bien común en lugar de preocuparse casi exclusivamente por salir votados en las próximas elecciones. Y está muy bien que demandemos a nuestras empresas que busquen la excelencia, que sean socialmente responsables y que pongan a las personas en el centro de sus políticas. Pero lo que de verdad está en nuestra mano y es nuestra responsabilidad es cambiar nosotros. Sobre todo, cambiar de actitud. Y salir de la mediocridad si es que nos hemos instalado en ella. Sin echar balones fuera. Nos sorprenderá cómo, en la medida en la que seamos capaces de hacerlo, cambia también el entorno que nos rodea.

La imagen es de rawpixel en pixabay

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